lunes, 24 de mayo de 2010

Y como siempre solía pasar. Su pecho se hundía, y dificultosamente volvia a llenarse de aire. Miró hacia el techo, con su vista nula, llena de lágrimas. Su mente la lleno de preguntas, en especial la típica "¿Por qué el no puede estar conmigo?" Se acurrucó, hundida en dolor, mientras el frío la consumia.

Pero fue en ese momento que él le sonrió en su mente, y aquella lágrima que estaba por desbordar, se absorbió. Sus comisuras formaron una sonrisa, y su pecho explotó en fé. Volvió a mirar el techo y sonrío.

- "Ahí voy, Joseph "